Sobre este blog

Yo soy una tipa con la vida más simple que alguien pueda tener sin morirse.

No me siento realizada, no he cumplido ni uno de mis sueños, soy toda inseguridades y frustraciones y no cuento con ninguna experiencia vital reseñable más allá de haber conocido al Fary en persona y de ir un día por la calle detrás del famoso mentalista Anthony Blake, pensar “a ver si se gira y le veo bien la cara” y que se girase y me sonriese (vale, eso moló mil, lo reconozco).

Iba a decir que tampoco he viajado, pero es que ni siquiera he cogido jamás un avión (es que pesan un montón (ja ja ja, qué gracia tengo :_D ))

A lo que voy, que mi vida es muy ordinaria. Por eso me sorprendo cuando me dicen tan a menudo aquello de “lo que no te pase a ti…”, porque estoy convencida de que no me pasa nada que no le pase o pudiera pasarle a todo el mundo cada día. Pero sucede que, para compensar tanta mediocridad, yo tengo un don: sé ver lo extraordinario en lo ordinario.

Por ese don mío me gusta recrearme en los pequeños milagros y maravillas que habitan lo cotidiano, descubro historias increíbles en la gente corriente que quiera darme conversación y también observo, analizo y hago mía la realidad para reírme de ella cuando me duele.

Y es por eso que, teniendo una vida tan ordinaria que podría decirse que es extra ordinaria (escrito separado), puedo contar lo extraordinaria (escrito todo junto) que es. Espero no haberte provocado un esguince de cerebro con ese juego de palabras (maldita querencia por los juegos de palabras estúpidos que tengo).

También gracias a mi don, he aprendido alquimia y ahora sé que un contratiempo puede no ser más que la oportunidad de convertir un mal momento de unos minutos que sólo me afecta a mí en una anécdota con la que poder reírme (y hacer reír a otros) durante años.

Y resulta que tengo un montón de amigos fantásticos que, además de reírse conmigo (nunca de mí) y con las chorradas como panes que escribo en mi perfil de Facebook relatando mis aventurillas costumbristas, me animan siempre a que las relate en un libro, blog o donde sea que puedan llegar a más gente.

Sé que lo dicen sinceramente, aunque también he creído siempre que el afecto que me tienen les nubla la razón y el criterio. Pero el caso es que he decidido creerles un poquito por una vez, hacerles caso y aquí estoy, deseando que tú también me leas y te rías o te emociones con mis desahogos y reflexiones sobre las cosas más cotidianas.

Y sería genial decirte que lo deseo porque amo escribir y comunicar, porque quiero hacer feliz al mundo… y eso también es verdad, pero vayamos al turrón: que yo lo que quiero es que me siga un montón de gente para petarlo y poder cambiar mi vida. Así de flipada soy.

Así que, tú que me estás leyendo, enróllate y haz algo (extra) ordinario: dale al “me gusta”, comparte, comenta (aunque sea amén), sígueme y ve contando por ahí que Nati Aranda mola hasta Angola.

Sí, ya, qué feo… pero yo no te miento, como hacen los políticos, y bien que vas tú y les votas.